La planilla ya no da.
Funcionó hasta que fueron cuatro personas cargando la misma. Ahora hay tres versiones del archivo, alguien pisó una fila sin querer y nadie se acuerda de cuál era la buena.
APIs y sistemas de gestión a medida
Diseñamos APIs y sistemas de gestión para empresas cuya forma de trabajar no entra en un producto enlatado: un contrato de datos escrito antes que el código, integración con los sistemas que ya usás y la historia anterior migrada con su contexto.
Funcionó hasta que fueron cuatro personas cargando la misma. Ahora hay tres versiones del archivo, alguien pisó una fila sin querer y nadie se acuerda de cuál era la buena.
El mismo dato se carga dos veces: una en facturación y otra en el sistema de la operación. Cuando difieren, gana el que revisó último.
Funciona, pero impone su forma de trabajar. Cada excepción de tu negocio termina en una planilla aparte, y eso devuelve todo al problema uno.
Cada dato tiene nombre, tipo y una respuesta definida para cuando algo falla. Ese contrato se escribe antes que el código: es lo que permite conectar un sistema nuevo el año que viene sin volver a tocar el primero.
Facturación, depósito, la planilla del vendedor. En vez de reemplazarlos, se los conecta para que el dato se cargue una vez y viaje.
Los años anteriores entran con su contexto: quién, cuándo y contra qué documento. Un sistema nuevo que arranca vacío obliga a dejar el viejo prendido para consultar, y entonces no reemplazó nada.
Registro de lo que pasa, métricas de uso, alertas y respaldo. Es la diferencia entre «el sistema anda lento» y saber qué consulta se volvió lenta, desde cuándo y para quiénes.
No el organigrama: lo que pasa un martes. Quién carga qué, en qué momento, y qué planilla aparece cuando el sistema no alcanza.
Qué entidades existen, qué campos son obligatorios y qué pasa cuando llega un dato incompleto. Escrito y acordado antes de la primera pantalla.
Un módulo entra en uso mientras el resto sigue como está. Si una etapa no funciona, se corrige con la operación andando y no en una migración de una sola noche.
Con el sistema en uso aparecen los casos que nadie mencionó en la reunión. Se ajusta con esa información, no con la suposición inicial.
Evidencia, no promesa
Control Romeva se diseñó exclusivamente para la operación de Transporte Romeva. Conecta cotizaciones, hojas de ruta, remitos, facturas, cobranzas, compras, inventario, flota, personal y control financiero: cotizar y cobrar ocurren dentro del mismo sistema, cada rol accede a lo que necesita y cada movimiento conserva su contexto. Es lo que podemos publicar —el alcance, no las pantallas— y alcanza para ver de qué tamaño puede ser un sistema a medida cuando la operación entera entra en él.
Ver el caso Control RomevaPreguntas frecuentes
Es la puerta por la que dos programas se pasan datos sin que una persona los copie a mano. Si tu facturación tiene la lista de clientes y tu sistema de reparto tiene otra, la API es lo que hace que sean la misma lista en vez de dos que se van separando. No siempre hace falta: si un solo sistema cubre todo el circuito, una API agrega una pieza más para mantener.
Depende de dónde esté el problema. Si el sistema hace bien su trabajo y sólo está aislado, se integra: sale más barato y no obliga a reentrenar a nadie. Se reemplaza cuando la herramienta impone un circuito que la operación no puede seguir, y eso se decide después del relevamiento, no antes.
Se migran con su contexto: quién, cuándo y contra qué documento. Es la parte más lenta del proyecto y la que más sorpresas trae, porque los datos viejos casi nunca están tan ordenados como se recuerda. Un sistema nuevo que arranca vacío obliga a dejar el viejo prendido para consultar, y eso no es una migración: es un sistema más.
De tres cosas que se pueden contar: cuántos circuitos entran (cotizar, facturar, cobrar, comprar, controlar stock), con cuántos sistemas hay que hablar, y en qué estado están los datos que se migran. El relevamiento existe justamente para ponerle número a esas tres antes de comprometer un presupuesto.
El mantenimiento se acuerda al inicio. Sobre una cosa no hay nada que negociar: el código y los datos son tuyos desde el primer día. Un sistema a medida que no podés llevarte a otro proveedor no es a medida: es un alquiler con otro nombre. Podés acordar un acompañamiento mensual continuo o resolver por cambios puntuales; en los dos casos, mantener significa que el sistema siga andando cuando algo alrededor cambia —una versión, un proveedor, una regla impositiva— y que haya alguien a quien avisarle cuando no responde.
Porque el sistema avisa antes que un usuario. Cada operación queda registrada, se miden los tiempos de respuesta y hay alertas cuando algo deja de responder. Sin eso, el primero en enterarse de que el sistema está caído es el que estaba por facturar. Qué se mide y qué dispara una alerta se define con vos: una alerta que suena por cualquier cosa termina ignorada, y ahí ya no protege nada.
Contanos cómo trabajan hoy y qué se rompe. Empezamos por relevar la operación; recién con eso sobre la mesa se puede decir si hace falta un sistema propio, una integración entre los que ya tenés, o corregir dos pasos del circuito actual. Las tres respuestas son posibles y cuestan muy distinto.
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